domingo, 21 de septiembre de 2014

Imagen barroca: La mascara que cubre otra mascara

“He inventado una máscara que me permite tener una cara como cualquier otro.”

El Fantasma de la Ópera, de Gaston Leroux, es una novela escrita y publicada entre 1890 y 1910 ambientada en Paris del siglo XIX y su escenario principal es el Teatro de la Ópera, donde se rumorea de la existencia de una sombra que trabaja en proyectos musicales y se refugia en los confines del Teatro. El Fantasma, como es apodado por el público, se enamora de su única discípula, Christine Daae, quien se desempeña como cantante en del Teatro gracias a las acciones violentas y radicales de su maestro. Su conducta compulsiva termina alejando a Christine, pues ama a otro hombre y teme a la obsesión del Fantasma. 

Erik (nombre de pila del fantasma) es un hombre que nació con una deformidad en el rostro y que por ella ha tenido que ocultarse del mundo ya que éste le rechaza por su cruel aspecto. En la adaptación al cine del año 2004 (de la que he tomado la única imagen) Erik está sentado frente a un espejo a la luz de las velas en el laberinto que volvió "su hogar” debajo del Teatro, mirando a un punto infinito en su reflejo. Mientras que Erik es una bestia que sólo quiere arrasar a quienes desprecia, el Fantasma es alguien sagaz, paciente e inteligente que conoce perfectamente cómo manipular a los otros para obtener lo que desea. En un solo hombre se mezcla una dualidad de identidades, dos perspectivas de la vida y dos maneras de lidiar con la misma, que lo llevan, en su conflicto, a jugar en una cuerda floja entre ambas personalidades; por eso durante sus prácticas con Christine es amoroso, y en sus apariciones en el Teatro como Fantasma es alguien feroz que lucha por su propio camino. 

Erik y el fantasma son indivisibles, no pueden vivir una parte sin la otra, el Fantasma es el producto de su incapacidad de adaptarse al mundo y Erik el monstruo, no por su rostro, sino por el ansia de venganza.

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